Durante estos diez capítulos hemos venido escuchando cómo es la vida del campesino en el Huila, su cotidianidad, la relación con su territorio, el modo de producción, la forma de organización, su economía y sus propuestas; pero también sus necesidades, dificultades, el no reconocimiento político del campesinado y la incapacidad del gobierno nacional, departamental y local de garantizar el cumplimiento de la Constitución Política. En este último capítulo los campesinos dan cuenta de su claridad con propuestas concisas, seguros de que el ciudadano rural tiene también capacidad de dirigencia política, que puede ocupar cargos públicos desde una alcaldía hasta la presidencia de la República. El campesino exige -sencillamente- reconocimiento como sujeto político y ciudadano.

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