imagen belenEn este país de futurólogos y en víspera preelectoral, es recurrente el acudir a las encuestas de opinión, muchas mandadas a hacer, según opinión de quien salga allí perdedor, para predeterminar las preferencias del electorado por uno u otro de los candidatos al Congreso de la República.

Se estilan también los foros que “pretenden” poner a prueba a los aspirantes frente a un público, que la mayoría de las veces va a escuchar a sabiendas de que el desempeño de los candidatos, poco o nada incidirán en su decisión en la urna, pues ésta hace rato ya está tomada, generalmente por el candidato amigo, su vecino, porque ya le han “ayudado” o porque pertenece a un partido al que la mayoría de las veces el candidato no se corresponde con sus postulados, o peor aún, los postulados hace rato dejaron de guiar el pensamiento del partido y del candidato, los cuales han derivado en una simple y fuerte empresa para otorgar avales y mantener intereses particulares en los espacios de decisión política.

Que “el Huila va por la quinta Cámara”, dicen quienes respaldan al candidato indígena por circunscripción electoral, pero éste no va a los foros. Que “a los que mejor les fue, fue al del Polo y al del Partido Verde pero yo voto por el del Huila Unido”, dice una mujer que estuvo en todo el debate. Con estas apreciaciones es suspendido el debate de aspirantes al Senado, con el argumento de que “aquí lo que estamos es en campaña y lo que hay es que ir a conseguir votos y en estos foros no se consigue niuno”, y razón no les falta, pues aquí la pelea es peleando los votos por las vías que sean para acceder a ellos, menos por la vía de las ideas.

¿Quién gana y quién pierde en este mercado persa de desafortunados mensajes publicitarios de los candidatos, encuestas, campañas y foros?

Pierde el país que aún no logra entrar siquiera a la modernidad en la construcción de ciudadanía; pierde una juventud que no logra sentirse representada en los jóvenes candidatos, quienes continúan con las prácticas políticas tradicionales lejos de actuar como jóvenes de cambio y alternativa; pierde el Huila, cuyo nombre es usado para inspirar regionalismos que no traerán bienestar general a la región; seguirán perdiendo quienes no pueden hacer política por la imposibilidad ética y económica de competir con las prácticas históricas de las campañas. Ganan los siempre intereses particulares del político, el contratista, el vecino que logra acceder a un puestico; gana una clase política histórica apoltronada en el poder, que no dejará de hacer campaña, o dicho de otro modo, no dejará de aceitar sus maquinarias a riesgo de perderlo; siguen ganando unas formas políticas degradadas que seguirán manteniendo en el subdesarrollo al departamento.

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