Varios municipios del Huila han conocido en los últimos días las atrocidades de presuntos grupos paramilitares que habrían ingresado al territorio mediante la práctica de asesinatos, amenazas, campañas de la mal llamada “limpieza social” que han generado zozobra en varios territorios del departamento.

El 29 de enero se conoció el asesinato de dos campesinos del municipio de Campoalegre, sobre quienes dejaron una nota que reclama la autoría con el mensaje “Llegaron los urabeños” (ver:http://www.lanacion.com.co/2013/01/30/doble-crimen-en-campoalegre/). Este sería un hecho aislado si el pasado mes de diciembre no hubiese sido capturada la fiscal de Derechos Humanos de Neiva, Tatiana Oliveros Gutiérrez, procesada por la Procuraduría General de la Nación por vínculos con la banda criminal los Urabeños, a quienes presuntamente otorgó libertades además de propiciar vencimiento de términos en casos por homicidios y desapariciones (Ver:http://www.eltiempo.com/justicia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12454268.html).

Así mismo, en el municipio de Rivera se conoció en días pasados la aparición de panfletos amenazantes firmados por las Águilas Negras, que restringen la circulación de vehículos a partir de las 10 pm en este turístico municipio y amenazan con iniciar campañas de limpieza social. Igual fenómeno ocurrió en el corregimiento del Caguán, ubicado al occidente de Neiva y en el municipio de Hobo, donde los panfletos de las presuntas Águilas Negras también amenazan a los pobladores y restringen la circulación y la movilidad.

En el sur del departamento las organizaciones de derechos humanos denunciaron hace unas semanas la desaparición, tortura y asesinato de tres jóvenes en el municipio de Isnos, donde las familias de las victimas tuvieron que realizar el levantamiento de los cuerpos frente a la negligencia de los funcionarios públicos pertinentes, que no acudieron el llamado de los organismos de DH y de los familiares de las víctimas.

A diferencia de otros departamentos, la incursión paramilitar en el Huila y su intento por posicinarse ha sido infructuosa. Aunque no se ha logrado establecer en el territorio, se tienen registros de su presencia en años anteriores, en el municipio de Colombia al norte del Huila, durante el pasado proceso de paz en el Caguán y en el 2007 en los municipios de Neiva y Pitalito (Ver: Monografía Político Electoral departamento del Huila 1997 a 2007, Misión de Observación Electoral, Pág. 4). Sin embargo, el Huila no ha sido víctima de la violencia paramilitar que ha azotado a otros departamentos, donde estos grupos han sembrado el terror y han logrado introducirse en los aparatos de gobierno como estrategia de cooptación del Estado.

El fenómeno que se despliega en los últimos meses, parece ser una estrategia en el departamento y la región sur del país, que al igual como se ha comportado en otras regiones, buscaría controlar las medianas y pequeñas estructuras delincuenciales, copar los territorios que la guerrilla ha dominado históricamente, controlar las rutas del narcotráfico, ejercer jurisdicción y cooptar el aparato estatal. Haciendo uso de la fuerza para ejercer coerción en la población, el paramilitarismo impondría su ley, aprovechando un eventual cese al fuego tras los diálogos de paz.

Llama la atención que esta incursión paramilitar en el departamento se dé en el marco de las negociaciones de paz que actualmente adelantan el gobierno y la guerrilla de las Farc. Sorprende también la libiandad con que este tema es tratado por los medios de comunicación regionales y el no pronunciamiento del gobierno departamental.

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