imagen belenLa concentración durante cinco días seguidos de las multitudes bogotanas en la emblemática Plaza de Bolívar, resume la trayectoria de un conjunto de voluntades que habían asistido, ya como observadoras o como protagonistas, a las numerosas marchas que durante el año se adelantaron en el país. Ahí encontraron la oportunidad de expresar su indignación por la secular tradición de exclusión política y de falta de reconocimiento del pueblo llano, o de lo que se llamaría en tiempos de la Revolución Francesa, el tercer Estado.

El espectáculo era ciertamente multicolor: recicladores, amas de casa, maestros, indígenas y sobre todo jóvenes. Su común denominador era ser parte de ese rechazo absoluto a la anulación de la más elemental forma de participación política: el derecho al voto.

Las voces de indignación eran la representación no sólo de los 732.000 votos con los que salió electo el alcalde de Bogotá, sino las de millones de sufragantes que sin haber votado por él como candidato, sintieron atropellada su condición de ciudadanos, por cuenta del acto administrativo del procurador de pretender destituir al alcalde Petro, quien hasta ahora ha mostrado una dedicación innegable a la defensa de lo público.

Sin duda, la maniática decisión del Procurador Ordoñez de pretender sacar del camino de la política a todos aquellos que considera sus adversarios ya en lo político, ya en la fe, hizo que la comunidad reaccionara; porque si ayer vinieron por Piedad Córdoba, Guillermo Asprilla o Alonso Salazar y hoy vienen por Petro, mañana vendrá por cualquier funcionario de la oposición, cerrando definitivamente el camino de la paz,  objetivo real de este intento de destitución, como mensaje para los negociadores de La Habana.

No se percató el quemador de libros que los tiempos le habían cambiado, que no estamos en la época de Laureano Gómez, ni en la de Alvaro Uribe Vélez. Estamos en tiempos de construcción de paz.

Los políticos regionales deben tomar atenta nota: el departamento del Huila ha sido testigo de significativas y sucesivas movilizaciones populares en los últimos tiempos, y sus reclamaciones que ya han elevado a agendas de derechos, han sido desconocidas o, en el mejor de los casos, han quedado en actas de acuerdos que el gobernante de turno firma para salir del paso y el siguiente desconoce, como dijera don Roberto Cortéz, dirigente campesino campoalegruno, recientemente asesinado: “Son tan lisos como un caloche”. En ese sentido no se puede comprender que el Senador Hernán Andrade, quien aspira a revalidar su curul en el Congreso, aparezca dándole respaldo al Procurador y apelando a acatar el poder omnímodo del mismo, por encima de las reglas de la democracia. ¿Será que tampoco se ha percatado de la señal de cambio de los tiempos?

Por: Belén Alarcón Alarcón

Directora Plataforma Sur

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