Los medios nos tienen engolosinados, conque por fin el gobierno nacional se acordó de los huilenses y esta vez sí, estamos en el poder con la presidencia del Banco Agrario, la presidencia de FINAGRO y la dirección de la Agencia Nacional de Desarrollo Rural, entidad que tras la liquidación del INCODER, liderará la revolución agraria en el país.

Los nombrados huilenses, que no el Huila, tienen la oportunidad de manejar toda la política pública rural, no hay disculpa para no tomarse en serio las peticiones que se vienen reclamando para orientar la vocación agraria del departamento, fundamentadas en las propuestas de la Cumbe Agraria, los territorios de paz que seguramente van a comprometer la geografía huilense, las demandas ambientales y las Zonas de Reserva Campesina en oriente y  occidente de Neiva y La Plata. Sólo requerimos saber cuál es su agenda de alistamiento para la paz territorial.

¿Están los nombrados dispuestos a garantizar, por lo menos en el Huila, la apuesta de transformación que requiere el sector agropecuario, plasmada en el primer punto de La Habana y estas designaciones burocráticas, garantizarán la reforma al  sistema de participación política?

¿Cuál es la apuesta del sector privado con el proceso de paz, cuando incluso por orientación del Banco Mundial, viene planteándose la obligatoriedad de que las entidades cuenten con una agenda de responsabilidad social empresarial, que no se opone a la rentabilidad económica, responsabilidad de la que las empresas en el Huila, están en deuda?

Y qué decir de la gerencia de la Electrificadora, cuya responsabilidad social con el Huila, sólo ha estado ligada a grandes resultados económicos para los socios de la empresa a expensas de altas tarifas a los usuarios. Su nuevo gerente, el andradista Hernando Ruíz, deberá hacer realidad el concepto de paz territorial, revisando la posibilidad de rebajar las tarifas, así estas sean decisiones nacionales.

Otro tanto sucede con el sector piscícola que más allá de la Mesa de Concertación, donde, mientras demanda más agua para sus pececitos, fungen ahora de opositores a la represa y de defensores del territorio. Igualmente Comfamiliar, que otorga cada año el premio responsabilidad social empresarial a las entidades que se destacan en ese sentido, sin ella misma tener una apuesta responsable y sí en cambio, un modelo escandalosamente corrupto, plasmado en el  expediente judicial de su anterior gerente. De remate el nombramiento de su sucesor se lo disputan las mismas casas electorales, para desazón de los huilenses víctimas de la desviación de su misión institucional.

Difícilmente podrá cumplirse  el punto de la participación política de la agenda de La Habana, si se sigue perpetuando la hegemonía de las casas tradicionales, evidenciada en la milimétrica designación de esta repartija burocrática entre las casas políticas huilenses:  Andradista, Gechista, Villalbista, Gómez Hermida.

Sin duda la apuesta política, deberá estar asociada a la reforma al sistema de participación electoral que perpetúa el clientelismo y la corrupción. En esta coyuntura de negociación, seguimos los huilenses, sin avizorar cambios efectivos para la construcción de paz. Es decir con puestos y sin apuestas.

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