Escrito por  BELÉN ALARCÓN

Resulta inquietante que la primera fosa común a exhumarse, por orientación expresa de los negociadores de paz desde La Habana, haya sido la ubicada en el municipio de La Plata del departamento del Huila, donde pareciera que nada sucediera porque la guerra todo lo naturalizó. Un día llegaron con una volquetada de muertos: 37 en total que como NN fueron depositados en una fosa declarada camposanto por el sacerdote Sierra Lozada, quien clavó una cruz de madera, que luego, como contribuyendo al olvido, se pudrió. Estos muertos ya casi nadie los recordaba, dice el sepulturero, para quien, después de 14 años “Parece ser un milagro de eso que llaman los Acuerdos de paz”.

Que hayan sido los negociadores de La Habana quienes conminaran a la fiscalía a la exhumación, denota que algo no estuvo claro en estas muertes de la vereda Maito, municipio de Oporapa hace 14 años, donde debieron ser enterrados. Pero como los muertos son de quienes los matan y el enfrentamiento fue con el ejército de La Plata, allí fueron a parar. A parte de la identificación de los cadáveres ¿sabremos qué hubo detrás de ello? ¿Crímenes de guerra?, ¿desaparición forzada?, ¿por qué no fueron entregados en su momento a los familiares?, ¿qué espantos nos esperan?

Como curiosidad histórica o ironía de la guerra, a  escasos 70 metros de la trastienda del cementerio donde están estos 37 cadáveres, en el municipio de La Plata, de donde era oriundo el comandante de las Farc Raúl Reyes,  de quien algunos pobladores dicen que protegió al pueblo de tomas guerrilleras, se encuentra el mausoleo del sacerdote conservador Pedro María Ramírez, quien según la historia almacenaba armas en su iglesia para matar liberales, muerto violentamente y arrastrado por las calles de Armero por la turba enardecida, en la violencia interpartidista Liberal-Conservadora del 9 de abril de 1948. Sugestivos sucesos envueltos en la trama de las violencias y conflictos armados que padecemos los colombianos, principalmente desde la muerte de Gaitán.

Ni que decir de la exhumación en el cementerio de Neiva de los restos de Rodrigo Lara Bonilla, ordenada por la Fiscalía, 32 años después, bajo la sospecha de que detrás de ese crimen atribuido a narcotraficantes, estuvieron poderosas fuerzas institucionales que sacaron del camino al aguerrido ministro de justicia de entonces, perteneciente al Nuevo Liberalismo, que dirigía Luis Carlos Galán, igualmente inmolado por la violencia del narcotráfico y sus aliados.
Secretos bien guardados de las violencias interpartidista liberal-conservadora, violencia insurgente-contrainsurgente y violencia del narcotráfico y sus aliados, que esperamos, sean develados cuando se instaure la Comisión de la Verdad, que  cimente la paz estable y duradera por lo menos en lo que a los huilenses nos compete.
¿Qué esconden esas fosas? ¿Dónde se ocultan las de los desaparecidos huilenses de la UP, entre ellas la de Tarcisio Medina Charry?

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